sábado 3 de octubre de 2009

Bailando la Macarena encima de la mesa...


... sí, en el Restaurante "Le Corbeau" que por las noches se convierte en uno de los sitios más auténticos de la Bruselas nocturna. Cuervos y otras aves nocturnas y diurnas nos encontramos en este pub improvisado donde todo está permitido, menos la Carra, para desgracia de unos cuantos. Bailar en las mesas más bien es obligatorio y romper alguna silla intentando subir (o escalar, mejor dicho, a esas horas de la madrugada y con las Duvel atacando) accesorio. La cosa suele acabar en un despropósito de noche realmente loco. Las amistades se hacen rápido entre bailes, risas, caídas o intentando encontrar tu chaqueta, y por supuesto y como en todos lados, en los wc. La bebida es cara allí, así que normalmente se aplica en mi entorno la ley seca... lo que no has bebido antes, no lo beberás ahí dentro, aunque ayer hicimos excepciones y perdimos un ticket gratuito (o no, nunca lo sabremos) de cerveza normal. En fin, música excelente y variada, mucha chanson y la mítica I will survive, y por en medio, flamenco mezclado con árabe, la Bomba y la Macarena, que los belgas conocen y bailan mejor que algunos españoles que por ahí andábamos.

Como anécdota, mientras bebíamos antes de entrar en la Plaza de la Monnaie, unos grupos bastante mixtos habían encendido unos velones que hicieron la función de estufa... hasta que vino la policía a ver qué pasaba con el fuego (y nosotros huimos)... e inmediatamente después aparecía un camión de bomberos para apagar 4 velones matados que había... es lo surreal de este país... pero mientras estos asuntos tan ridículos me sigan dando tanta risa, bienvenidos sean...
Hasta la próxima cuervo!!

viernes 2 de octubre de 2009

Bruselas 0 - Londres 1

La temporada musical en Bruselas comenzó a principios de septiembre con el KlaraFestival, el cual no pude seguir muy a fondo por tener demasiado trabajo. Asistí a dos de las citas: sexta sinfonía de Mahler en una muy buena interpretación de la Orquesta de la Monnaie dirigida por Hartmut Haenchen, y un sublime Requiem de Verdi con la Swedish Symphony Orchestra y el Swedish Radio Choir dirigidos por Daniel Harding y con un reparto de lujo. Encontré en este Requiem una lectura totalmente transparente pero llena de garra y que me hizo descubrir nuevos detalles nunca oídos ni en el Cd ni en ninguno de los varios directos que he escuchado de esta pieza maestra.

Vamos con la ópera: primer título de la temporada en La Monnaie, una Semele de Haendel para el olvido. La obra, aunque tiene buenos momentos musicales, carece de un libreto coherente y de hecho, se trata de un oratorio y no de una ópera, por lo que en principio hubiese sido más apropiado en versión concierto que con escena. De los cantantes, sólo salvo al tenor Jeremy Ovender (Jupiter) por su precioso timbre y su excelente calidad en el fraseo y a la maravillosa Iris de Sarah Tynan, que pese a lo escueto de su papel, me convenció plenamente de sus posibilidades técnicas y musicales. La Semele de Ying Huang estuvo calante en ciertas zonas del registro y apurada en ciertos agudos. El montaje escénico se centró en un hecho real: unos sin-techo que han habitado un templo chino y a partir de ahí se desarrolla la historia de Semele en ese mismo templo, reconstruido en el escenario. Ya desde el principio con la proyección de la familia okupa durante la obertura (excelentes Les Talens Lyriques y Christophe Rousset en todo momento) me temí lo peor, y no me equivoqué, las siguientes tres horas se caracterizaron por el despropósito y disparate escénico que presenciamos los espectadores: un caballo chino con una erección más larga que sus patas, el coro desnudándose casi por completo, una figura blanca encima del tejado del templo que se hincha y se despierta, personajes que vuelan sin mucho sentido, una alfombra encima del tejado, aparición de los cristales que reflejan el público (muy visto) y que por cierto, uno de los focos que alumbraba la escena en ese momento reflejaba directamente sobre mis ojos y me perdí unos 20 minutos de la historia (o me hubiese quedado ciego) y para colmo, al final de la primera parte un canto chino (que dudo que lo escribiese Haendel) y al final de la ópera, después del maravilloso coro final, comienzan a entonar la Internacional acabando así el espectáculo. Y la verdad, no comprendo cómo musicalmente se ha consentido esa blasfemia. Así que salí del teatro muy decepcionado y también cansado de que los espectáculos de la Monnaie sigan en esa tónica "social"... lo mucho cansa y estoy cansándome ya de reflejarme en espejos.


Por suerte, en unos días me marché hacia Londres, estrenándome en la ciudad de la cual quedé encantado y más aún después de ver el Don Carlo (versión italiana en 5 actos) que presencié. Creo, en primer lugar, que nunca me lo habían contado (cantado) tan bien. La escena moderna pero muy fiel al Libreto y los cantantes de altura: Poplavskaia, gana puntos por momentos. Cuando la vi en el Don Giovanni de les Arts ya me quedé alucinado con ella y con su voz, pero ha sido desde su Traviata en Amsterdam en abril y su Elisabetta en este Don Carlo donde para mí se convierte en un referente actual para los roles verdianos. Jonas Kaufmann fue uno de los Carlo más seguros que he escuchado, regalándonos el aria del primer acto como presentación de su arte y de la ópera. Simon Keenlisyde, un excelente Rodrigo... cuya muerte no podré olvidar con facilidad. Un Carlo y un Rodrigo que nos hicieron disfrutar de los memorables momentos que tienen juntos. Otro referente el Felipe II de Ferrucio Furlanetto y memorable la Eboli de Marianne Cornetti. El resto del reparto cumplió. Mención especial merecen el coro y la orquesta de la Royal Opera House y la dirección de Semyon Bychkov... Simplemente inolvidable (el Don Carlo, Londres, Brighton y el baño que me pegué en su playa...)

¿Recuperando mi blog?

No sé por qué empiezo a escribir estas líneas tras más de un año de ausencia. Han cambiado algunas cosas y otras no tanto: sigo en Bruselas y debería contar las cosas surreales que van sucediendo en esta ciudad y en Bélgica en general (o donde viaje). Creo que quiero seguir contando mis experiencias musicales, concertísticas, operísticas... en particular y culturales en general. Y como la temporada ya ha empezado y estoy más libre que el año pasado, creo que es el momento de que este blog reanude su actividad... comenzamos con Semele en la Monnaie y un pequeño gran viaje a Londres...

lunes 7 de julio de 2008

Serenates musicals 08

La edición de este año de las "Serenates al claustre" ha culminado esta noche con el Orfeón Universitario de Valencia. Ha sido uno de los veranos que más he podido disfrutar de las mismas: de 8 conciertos, me he perdido solo 3. El inaugural fue una lástima no poder asistir, ya que tenía invitación para asistir al Elisir d'amore en Gandia, producción del taller de ópera del conservatorio superior de música de Valencia y en el cual participaban algunos amigos (estuvo realmente divertido); así que me perdí, el primer día de verano, el programa Bach con el Cor de la Generalitat y Collegium Instrumentale, dirigidos no más ni menos que por Helmut Rilling. Me dijeron que estuvo fantástico y que no cabía ni un alma más en el claustro de la universidad antigua.
El segundo concierto coincidió con otro acto también y con la semifinal del fútbol (lo que hay que leerme...) y no fui. Era el 26 de junio, la Orquesta de la Universidad. Y al día siguiente el grupo de percusión de la misma, que con un programa sin pausa, nos hicieron vibrar con todo tipo de instrumentos, incluso con una lamina metálica con el mapa de la comunidad valenciana (sí ese que collecinabas las fichas con relieve y las ibas colocando), cacerolas, el cuerpo... demostrando que cualquier objeto puede ser un instrumento de percusión. A resaltar las obras "Tercera construcción" de John Cage y "Mitos Brasileiros" de Ney Rosauro. Y para finalizar ese fin de semana de música, el pianista Josep-Maria Balanyà, realizó una performance el sábado 27, donde además de destrozar el piano por todas partes y a todos los niveles (en el programa decía que el piano no sufría ningún daño, pero lo dudo), también tocó a la vez una máquina de escribir, se comió un plátano, gritó, y hasta le hizo una paja al piano... El espectáculo por el espectáculo estuvo servido, la gente iba abandonando el recinto por goteo. Todo lo que hizo ya estaba visto. Es tipo Carles Santos pero este tiene las cosas más claras y dónde está el límite o no, pero lo tiene claro. Lo único que me gustó fue el escuchar la masa sonora del piano a tope en los momentos que bajaba las teclas con el brazo entero, y percibir los armónicos. Lo demás me puso de mala leche y me llegó a agobiar.



Tras la pausa de varios días de desintoxicación universitaria, y donde pude disfrutar unas horas del sonido del agua, en Casas del Río, y de los rodeos de su noria. Donde ensayar los grandes hits de Alaska con el Singstar, bañarse en las aguas claras del Cabriel. Tocó el viernes 4 de julio el turno de María José Martos, acompañado del piano tan español de Marisa Blanes. No estuvo mal, la Martos me pareció que tenía la voz mejor que hace algunos años (cuando la vi en Don Giovanni en el Moma), cosa por la cual me alegro. Los agudos sonaron bastante redondos, no ocurriendo lo mismo en el registro medio-grave de la soprano valenciana. Marisa Blanes acompañó con personalidad, aunque quedaba desbordada por lo exagerado en su toque. Dieron un programa todo de canción española (y algo de catalana), cuyo lenguaje las dos dominan sobradamente, aunque en algunos momentos faltara más magia para decir y contar la historia. No comprendí el cambio de orden de la selección de canciones de los diversos ciclos que hicieron, ni los bises de Puccini, que no pegaban nada ("Quando m'en vo" y "O mio babbino caro"). El sábado 4 de julio, le tocó el turno a Capella de Ministrers, con la colaboración de la mezzo Pilar Esteban. Nos trasladaron a la época medieval, con una selección de Trobadores de la Corona d'Aragó, en un programa titulado "Amors e Cansó". Fue una maravilla, los cuatro componentes de Capella, dirigidos por Carles Magraner, y Pilar, que reaparece con su adecuadísima voz para este tipo de repertorio: transparente, pequeña, libre, fresca. Hicieron que viviera una hora larga en el siglo XII y que por ejemplo, el sonido de un avión que pasaba por el cielo me trajera repentinamente al siglo XXI. Y esta noche finalizó el festival con el Orfeón Universitario de Valencia, que, aunque algo apurado en algunas piezas de la Polifonía sacra que se incluían en la primera parte, han redondeado un concierto de muy buen nivel con una segunda parte impresionante, con espirituales y música floklórica hispanoamericana: ha sido entonces cuando el orfeón ha tomado su cuerpo habitual y su grandeza. Se nota la buena y nueva mano de su director actual, Constantino Martínez Orts, en aspectos como el fraseo y el empaste. Bravo!


Conclusión: una edición para recordar, con un verano de noches refrescantes a la luz de las estrellas en el maravilloso claustro del edificio histórico de la universidad de Valencia, un marco incomparable...y que sea por muchos años. Mañana jazz gratis en los jardines del Palau de la Música, otra de las citas obligadas del verano valenciano. Y por supuesto, la Feria de Julio, recien arrancada.



viernes 20 de junio de 2008

Anell de llum: el anillo toma la calle

La Fura, decidió sacar su anillo a la calle y dar a mostrar a su público y a curiosos lo mejor de las tres primeras partes ya vividas en el interior del teatro. Volvió a ser un espectáculo total, lleno de luz, de color y de aciertos, con la música de Wagner como protagonista: qué bien sonaba, qué fuerte estaba y cómo te hacía vibrar, mientras veías proyectado en el Palau de les Arts las imágenes del teatro en acción. De hecho, no podía quitar el ojo a la pantallita y solo tengo una frase: "Quiero el dvd ya" y por supuesto, también ver el Anillo completo y seguido (a ver si puede ser).
El marco del edificio del Palau de les Arts es idóneo para lo que vimos anoche: las peceras de las hijas del Rin, Wotan y los gigantes, la cabalgata de las Walkirias con el lema "haz la rotondeta y no la guerra", un valiente Sigfried que no conoce el miedo bajando por la pluma del Palau y retando al dragón, y Sigliende, Sigmund y Hunding en el ala que cubre el edificio, haciendo piruetas con la música inicial de Walküre (recordando al lobo huyendo), para finalizar con la cadena de hombre entrelazados que representó al final del Oro del Rin, el Walhall y donde pudimos ver en la pantalla la entrada de los dioses al mismo, recordando uno de los momentos más mágicos vividos en un teatro.


Este Anillo está siendo espectacular ya por sí mismo. Si además se añaden estos grandes espectáculos, todo queda multiplicado en fuerza y emoción. De nuevo solo puedo decir: excelente trabajo de la Fura, y pensar que dudé de cogerme abono con los dos Wagner en la primera temporada por miedo a la Fura (y a la obra, que prácticamente era una desconocida para mí). Anoche la magia se volvió a producir y la luna nos acompañó para vivir una fresca noche de verano muy especial.

jueves 19 de junio de 2008

Sigfried: la historia continua.


El martes 17 de junio de 2008, decidí continuar la historia wagneriana del Anillo en el Palau de les Arts, tras haber asistido en mayo del año pasado a las dos primeras óperas del ciclo. El nivel había estado muy alto y así continuó con la segunda jornada. La coherencia de estos espectáculos totales es absoluta. Mi butaca de último minuto en Platea Alta, me permitió ver y escuchar el espéctaculo casi desde el mejor sitio de la sala donde mejor se podía percibir.


El nivel escéenico siguió elevado, con un segundo acto encantador y maravilloso, con ese móbil que ya vimos en Walküre haciendo de árbol y una escena simple pero impactante gracias al dragón, que sobrevoló el foso de la orquesta y a los figurantes, que aquí si crearon el efecto deseado. En el primer acto, me gustaron también todos los recuerdos a los dramas anteriores con las imágenes de Sieglinde (madre de Sigfried) y durante las preguntas entre el Caminante (Wotan) y Mime, pero este aspecto de los figurantes, excepto en la forja de la espada, se me escapó: el oso que trae Sigfried, no me gustó para nada, no se entendía lo que era exactamente y los limpiadores pasando con las mopas de vez en cuando, tampoco. El tercer acto, me encantó escénicamente, especialmente las dos primeras escenas y el principio de la tercera: esos viajes por los paisajes montañosos y esa salida de Erda de la tierra, con ese globo terráqueo que ya apareció en Rheingold, y posteriormente la llegada de Sigfried a la roca donde reposa Bruhnilde, para mí fueron momentos de emoción absoluta. Excelente trabajo de la Fura, con Carlus Padrissa a la cabeza.


Musicalmente, el nivel también estuvo muy elevado y siguiendo la idea de sus predecesoras: el Caminante (Wotan) fue de nuevo Juha Uusitalo, que aunque con un comienzo algo dubitativo, o eso me pareció a mí y bastante flojo, en seguida nos transmitió con fuerza y un excelente fraseo, su nuevo peronaje entre el dios y la persona. Fue un Caminante muy creíble. El Sigfried de Leonid Zakhozhaev no tiene la voz apropiada para el rol, pero logra salvar el personaje gracias a la escena y a su preciosa voz de lírico que puede controlar y sobrepasar a la orquesta en la mayoría de los casos. Pero llegó muy fatigado a la escena final con Brühnilde, teniendo que hacer mucha fuerza desde el diafragma y muy apurado para poder acabar el papel dignamente: y lo logró. Ésta, encarnada por Jennifer Wilson, volvió a demostrar que es una Brühnilde excepcional: qué agudos y qué homogeneidad en todo el registro. El Mime de Gerhard Siegel, me pareció estupendo tanto en el nivel escénico como vocal: con una voz clara y sin dificultades ni en el registro ni en salir por encima de la orquesta. El Alberich de Franz-Josef Kapellmann no me entusiasmó en su corto papel: lo vi demasiado forzado en el canto. La Erda de Catherin Wyn-Rogers, fabulosa, con un canto de verdadera emoción coin relación al texto, al contemplar de nuevo el mundo y enterarse de las nuevas traídas por el Caminante. El Fafner de Stephen Milling y el Pájaro de Olga Peretiatko cumplieron sus breves papeles excelentemente, esta última colgada con arneses todo el rato.


La orquesta sigue y esperemos que por mucho, con el elevado nivel que ya demostró durante la primera temporada. Un lujo absoluto, aunque con algunos fallos en el viento metal que en la orquesta del auditorio valenciano no suceden. Zubin Mehta continuó con su visión del Anillo, siempre respetuoso al texto y atendiendo a las necesidades de los cantantes. Conclusión: disfruté como un enano (no como Mime) jajaja.


El año que viene más y esta noche a ver el espectáculo Anell de llum en los exteriores del Palau de les Arts, con partes escénicas y musicales del Oro y Valquiria.

miércoles 18 de junio de 2008